Pregón Feria Guadix 2012

Pregón de Feria y Fiestas 2012

29 agosto 21:00h. (Presenta Pilar Molero)   Coro Rociero Camino Accitano.  Pregón, pronunciado por Andrés Cárdenas.  Totem de Guadix 2012. Aula Permanente de Formación Abierta de la Universidad de Granada en Guadix. Intervención del alcalde de Guadix   Actuación musical de Dr-Swing

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PREGÓN CON MOTIVO DE LAS FIESTAS DE GUADIX           Por Andrés Cárdenas Muñoz

Estimado ACCITANOS, señor alcalde, señores miembros de la corporación municipal…

Antes que nada les diré que cuando hace unos días me enteré de que el clásico entre el Real Madrid y el Barcelona se iba a celebrar casi a la misma hora que yo daba este pregón, llamé inmediatamente a los citados clubes para pedirles perdón por la audiencia que yo iba a restarles esta noche. Perdonen ustedes que hoy no les vea en la tele, les dije, pero es que a esa hora tengo que dar el pregón en un pueblo muy querido por mí. Creo al decirles que se llamaba Guadix, inmediatamente lo entendieron. Así que se fastidien, que hoy no los voy a ver.

Bromas aparte, quisiera daros las gracias por elegirme para que os pregone vuestras fiestas. De alguna forma me siento satisfecho y agradecido ya que para mí un pueblo como el vuestro, que ocupa un privilegiado sitio en el mapa provincial y en el mapa de mi memoria, siempre me ha atraído más que cualquier populoso lugar lleno de largas avenidas, lujosos edificios o altos rascacielos. Yo siempre he dicho que son en los lugares como éste en donde se construye la intrahistoria, esa que es el pilar básico de la propia existencia. Por eso, gracias a la corporación municipal en general y al alcalde José Antonio González en particular, por haberme elegido para estar aquí hoy y en este momento. Debo deciros que yo soy un hombre muy fácil y más si estoy tomando una cerveza, que es el momento en que aprovechó vuestro alcalde para pedírmelo.

-¿Y si dieras este año el pregón de las fiestas de mi pueblo? –me dijo cuando brindamos con una cerveza en presencia de una colega, Eva Vilchez.

-Eso está hecho, alcalde –le dije yo.

Claro que hay muchas palabras que se lleva la cerveza por delante y luego no nos acordamos de ellas. Eso fue en junio pasado y yo creí que el asunto estaba olvidado. Pero doy fe de que vuestro alcalde sí tiene memoria porque a comienzos de agosto me llamó para recordarme que debía de cumplir con mi promesa. Me sentí como Fausto, de Goethe, cuando el diablo le recuerda que tiene que cumplir su promesa y entregarle su vida.

Es otra de mis bromas.

En realidad me sentí muy contento. Sé que no doy relevancia a un pueblo como pregonero porque soy un simple periodista de provincias, pero me siento valorado y querido cuando alguien cree que unas palabras mías pueden ser el punto de partida para una fiestas, y si son las fiestas de un pueblo muy querido por mi como éste, mucho mejor. Tengo aquí un yacimiento de amigos importante, desde la familia de mi compañero Juan Jesús Hernandez, hasta Torcuato Fandila, Jesús Javier Pérez, Jorge Pérez, Miguel Ángel Contreras, Pilar Molero, Encarni Pérez, Carmen Bermúdez, el pintor Socram, Carmen García Raya, Carlos Asenjo… Y ¡como no! Creo que ustedes ya lo saben pero yo se lo voy a recordar, en este lugar vive para mí uno de los mejores novelistas del mundo, Antonio Enrique, del que no solo leo sus libros, sino que los releo con un deleite propio del que sabe apreciar donde están las palabras bien puestas.

Guadix, y lo repetiré mil veces esta noche si hiciera falta, ha sido tan importante en mi trayectoria personal y laboral que notaría que algo me falta si no existiera. Hace muchos años, cuando casi era un imberbe adolescente, estuve enamorado de una chica de Guadix que conocí en Jaén.  Era un amor tan inocente y oculto que ni ella misma lo sabía. Hasta aquí venía en vacaciones sólo con la ilusión de verla por la calle, cosa que casi nunca ocurría. Pero a mí me gustaba atormentarme, como los poetas románticos, escribiendo poemas desesperados y algún que otra poesía terminado en ‘ix’ de Guadix, como hacía Bernardo Atxaga cuando le pasó algo parecido. Eran aquellos tiempos en los que copiábamos a los grandes poetas, hasta tal punto que en alguna ocasión una mujer le dijo a su marido mientras tomaban el sol en la playa:

-¡Ay que ver la cara que tiene alguna gente! Estoy leyendo a un tal Pablo Neruda y he visto que ha copiado los poemas que tú me escribías a mí cuando éramos jóvenes.

Luego, nunca he desperdiciado ocasión alguna para venir a Guadix. Algunas veces porque me invitaban los amigos que aquí tengo y otras porque me lo pedía el corazón. Es un gustazo dar un paseo nocturno por las inmediaciones de la catedral, pasear luego por esta plaza de las Palomas para comprar unos felipes, callejear por el barrio antiguo y terminar de cervezas en el bar Dólar, el Parrita o algunas de esas tabernas cuevas del barrio alto, donde el mosto se trasiega con la misma facilidad con que la mente te lleva a los momentos más dulces de la existencia. Un vino con unos buenos amigos en una buena taberna, es algo que nunca he  despreciado y menos ahora en que mi cuerpo ya lo único que pide es la tranquilidad que da una charla.

Aquí, en Guadix, he cubierto muchas informaciones como periodista, desde aquellos días en que hacía guardia con José Luis Hernández, vuestro ex alcalde, que por entonces se llamaba Chelu y era corresponsal del diario de Granada, periódico de la competencia, en aquella larga reivindicación vuestra para conseguir un hospital, hasta reportajes muy frecuentes como hice sólo hace unas semanas a los hermanos Fossores, con quienes recordé aquellos días de informaciones constantes en que se trajeron los huesos de Pedro Antonio de Alarcón desde Madrid al cementerio accitano.

Recuerdo en esa mi primera etapa laboral en Granada, a aquel hombre exquisito y amable que se llamaba Luis Asenjo Sedano, corresponsal de Ideal, que siempre me esperaba para hacer el correspondiente reportaje de algunos de esos polémicos temas en los que él no podía escribir porque conocía a las personas que eran protagonistas de la información y prefería quedar al margen.

-Tú no sabes lo difícil que es escribir de gente a la que ves todos los días –decía el buenazo de Luis.

Aquí  he presentado libros, como el que le presenté a un hijo de Guadix, Ramón Rodríguez, que recordaré siempre por esa serenidad y sabiduría con que encajó su enfermedad que le llevó a la muerte.

Aquí he dado conferencias en el Aula de Abentofail y en la escuela de cocina, donde hablé de gastronomía y periodismo. Creo que cuando me lo propusieron lo primero que dije es que yo sabía mucho de ese tema porque el periodismo era una profesión muy ligada a la gastronomía porque a mí era la que me daba de comer. Aquí he traído a mis hijos y a muchos amigos que querían ver algo interesante de la provincia de Granada. Recuerdo que una vez traje a un colega de Madrid, un free lance, y aprovechó la ocasión para hacer tres reportajes, uno sobre las casas cuevas convertidas en hoteles, otro sobre el paisaje capadócico de esta comarca y un tercero sobre el Cascamorras, personaje que le causó tanta impresión que, después de los años pasados, cuando hablamos siempre me pregunta por él.

-¿Ha conseguido ya el Cascamorras la Virgen de la Piedad? –me pregunta.

Decía que este pueblo era un yacimiento de temas periodísticos, seguramente porque de aquí han salido tan buenos periodistas.

Y sé que ahora mismo en Guadix anida la esperanza en proyectos como el Centro Logístico del Mercadona y del Parque Empresaria Príncipe Felipe, que podrían paliar las cifras negativas del desempleo.

Pero queridos accitanos, no he venido aquí a hablaros de vosotros mismos, que de eso ya sabéis mucho más que yo, he venido, de alguna forma, a animaros y a dar el ‘pistoletazo de salida’ a estas fiestas populares que vienen recortadas, como todos los presupuestos que se dignen. Es la crisis, la maldita crisis. En Baños de la Encina, que está al lado de mi pueblo, los habitantes de allí, ya que el Ayuntamiento no podía, quisieron hacer una colecta para construir una piscina y un vecino se presentó con un vaso de agua.

Y en una casa de Linares dos monjas fueron a pedir algo para el asilo y le dieron el abuelo.

Pero es que tengo un hermano que es funerario y me dice que está tan mal la cosa que la gente ya pregunta por ataúdes de segunda mano.

Pero para eso están las fiestas, para remediar el desánimo. Por fin han llegado esos días en los que las ciudades no parecer las ciudades. Las jornadas festivas en los pueblos hacen que el tiempo se detenga y se rompa por unos días en los que todo está más cerca de lo extraordinarios que de la rutina. En las fiestas todo adquiere a la vez un desasosiego de inaplazables urgencias y una simultánea lentitud con regusto de pereza. Yo os invito habitantes de Guadix, a reflexionar sobre esto. La fiesta abre el corazón al pasado y la imaginación al porvenir, es un reencuentro y casi una reconciliación con nuestro propio sentimiento del tiempo y la nostalgia. Durante todo el año, la mayor parte del tiempo, hacemos y presenciamos cosas que se agotan en sí mismas, que se pierden nada más sucedidas. Las fiestas, las conmemoraciones, nos permiten la sensación de que el tiempo no avanza cruelmente hacia el vacío, sino que vuelve y se repite, porque la mayor parte de nuestros gestos y deseos se pierden. Pero todos los años, con la misma exactitud, a vosotros, habitantes de Guadix, os llegan las fiestas, para que no perdáis nunca ese asidero a la vida.

De toda maneras, pregonar una fiestas como las vuestras es, de alguna forma innecesario, ya que es algo que lo han anunciado vuestros propios sentidos. Las fiestas de Guadix caen por maduración, cuando vosotros no podéis aguantar más la espera. Durante el año manda lo que nos separa. La profundidad de la sima queda determinada por nuestras diferencias. Ser rico o pobre, ser joven o viejo, ser progresista o conservador… Eso prácticamente no importa en unas fiestas en las que se impone la herencia, el peso colosal de cuanto nos precedió. De pronto nos parece sentir bajo nuestros pies el escalofrío de los que construyeron los escenarios que amamos, plantaron los árboles que son nuestro paisaje, los que recorrieron los caminos que cada día recorremos. Y eso, vosotros tenéis la suerte de percibirlo mejor que las grandes ciudades. Aquí está vuestro escenario, ese que se repite todos los días, pero que si un día os falta lo echaríais de menos. Y ese escenario de vuestras penas y vuestras alegrías, se viste hoy de faralaes para recibir vuestras ganar de diversión. En las fiestas, se impone, como he dicho antes, el sentido de lo común. Y si, tras tantos pregoneros importantes, talentos de la prosa y la poesía de los que echan mano las grandes ciudades y los grandes acontecimientos festivos, os sirven de algo el sentido común de un observador profesional, sin más merecimientos para estar aquí que vuestro afecto, sabed que mi mensaje es de esperanza, entre otras cosas, porque soy capaz de admirar vuestro destino. Si os habéis dado cuenta, en esta sociedad de hoy hay más miedo que nunca. Los periódicos y la televisión hablan en estos días de la crisis económica, del temible paro, de esa recesión que dicen va a durar mucho tiempo. De la prisma de riesgo y de la caída tremenda de la bolsa. De ese padre que ha quemado a sus hijos. De los incendios que están asolando España. Los telediarios se están convirtiendo en películas de terror y los periódicos son un recipiente de malas noticias, noticias que intentan socavar nuestro ánimo pero de las que hay que olvidarse cuando llegan estos días. Tomárselo más a broma, como aquel constructor que se encuentra con un colega y le dice:

-Quiyo, hay que ver lo dura que se ha puesto la vida.   A lo que el otro le contesta:

-Dímelo a mí que el otro día fui a suicidarme al puente de Huétor de Santillán y me han dado cita para octubre.

O ese otro que le dice a un amigo lo mismo: -Quiyo, hay que ver lo mal que se ha puesto la vida.

-Dímelo a mí, que esta mañana he llamado a una línea erótica y se ha puesto mi mujer.

Si el humor es antídoto contra el pesimismo, bienvenido sea. Porque pasamos por una de las etapas más pesimistas de nuestra reciente historia. Los políticos están en estos tiempos en la etapa más baja de su credibilidad. Parecida a aquellas elecciones del 92 en la que una mujer que estaba embarazada esperó al resultado de los comicios para ponerle nombre a la niña que había tenido. Como ganó el PSOE le puso Socorro. Un periodista avispado le preguntó qué le hubiera puesto a la niña si hubiera ganado el PP. La mujer respondió: Milagros.

Y es que hoy es eso lo que nos hace falta, un milagro para salir en el pozo en el que estamos metidos.

Pero en fin, para mí que las crisis económicas y políticas en los pueblos son menos crisis. Donde hay tierra en la que se pueda sembrar siempre está la posibilidad de no pasar hambre. Y donde hay políticos locales que son vecinos, no puede haber una gran rivalidad porque, entre otras cosas, están obligados a verse todos los días. Vosotros habitantes de Guadix, no es que viváis apartados de la realidad, pero tenéis más motivos para sentiros libres de esa sensación que atenaza a los que viven en la turbina del presente en los mercados donde se trapichea con el poder y donde se juega a la bolsa.

Seguro que aquí habrá muchos que recuerden como fueron estas fiestas hace treinta o cuarenta años. Si hacen un ejercicio de memoria recordarán que lo sustancial no ha cambiado. Son otros los cachivaches que vienen, existe otra gastronomía e incluso otro tipo de bebidas, pero los habitantes de Guadix de hace cuarenta años tenían la misma necesidad de diversión que los de ahora. Como decía antes, las fiestas nos permiten atrapar el tiempo y soltarlo solo cuando ese siempre odioso lunes en el que se impone la resaca de lo sucedido. Pero no adelantemos acontecimientos. Accitanos, os quedan varios días de estar con vosotros mismos, de abrir vuestro espíritu al devenir festivo que ha llegado con la misma puntualidad que todos los años. El tiempo de la fiesta no es el mismo del de la vida común. La vida hace un paréntesis necesario para acometer la alegría, esa sensación que, como apuntaba anteriormente, cada día es más infrecuente porque está solapada por el temor y la incertidumbre. En los días de fiesta no hay paro, ni emigración, ni lacras sociales que vengan a recordarnos nuestras miserias. Todo queda sepultado -por lo menos lo intentaremos-  bajo el manto de la diversión común.

Yo también nací en un pueblo muy parecido a este y sé como os sentís.  He leído vuestro programa de fiestas y he concluido que la vuestra es una feria diseñada para el gozo, para el deleite, para recorrerla en grupos o en parejas, para recordarla cada día durante el resto del año; es una feria entrañable donde todavía puede bailarse al ritmo siempre nuevo, por muy viejas que puedan parecer algunas canciones. Y porque soy de pueblo como vosotros, sé que en estos lugares es más difícil escaparse al aroma de lo festivo. Aquí es fiesta para todos. Es fiesta para los niños, que intentarán retener estas fechas en toda su vida y vayan donde vayan, siempre recordarán aquellos días en el lugar que les ha servido de cuna. Es fiesta para los jóvenes, que esperan agazapados que la vida les dé la oportunidad que han tenido sus progenitores. Yo sé que lo tienen difícil. Cada día es más complicado que un joven encuentre ese camino que le puede llevar a la estabilidad de un hogar propio, pero en estas fechas dadas el optimismo puede tener un descanso en esa imperiosa búsqueda. Y es también fiesta para los que ha recorrido ya gran parte de su vida, porque ellos saben mejor que nadie que los momentos felices perdidos ya nunca se volverán a recuperar. Por eso me atrevo a hacer un llamamiento a la alegría, a la diversión, a la búsqueda de esa felicidad momentánea que significa beber con amigos o bailar hasta altas horas de la madrugada.

Por eso, mis queridos amigos, vecinos y vecinas de Guadix, no dejéis pasar la oportunidad: acudid a todos los actos, participad de todas las actividades, competid en todos los concursos, reíros con las ocurrencias de los demás, bailad, disfrutad, bebed… Nos os privéis de dar un viva, ni de proponer un brindis si algo bulle en vuestro interior, ni de acostaros al amanecer algún día para que no siempre sea ver salir el sol mientras os dirigís a trabajar o a la oficina del paro. No os privéis, en definitiva, de disfrutar de la fiesta, que es de todos, para todos y ha sido diseñada para que esté al alcance también de todos. Luego cuando el cansancio o rinda, cuando estéis a punto de ceder al sueño aunque sólo sea para reponer fuerzas y continuar, cuando aún con la sonrisa recordéis los felices momentos pasados, detener un instante el tiempo y que el año próximo las Fiestas, a pesar de esta temible crisis, sean las de mayor índice de participación de su historia.

No quiero cansaros más porque os espera muchas jornadas agotadoras. A todos, queridos habitantes de Guadix, os deseo lo mejor del mundo. Es hora de que estalle la alegría en este núcleo de población en el que el optimismo se hospedará, por lo menos, hasta el próximo lunes. Que seáis todos muy felices. Quien os lo desea es este humilde pregonero que alza su voz para deciros aquello que ya sentís por vuestra sangre. Felices Fiestas. Viva Guadix.

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Acerca de elojodeguadix

Amante de una tierra hechizada, la Accitania Ver todas las entradas de elojodeguadix

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